NOTA IMPORTANTE: el siguiente escrito revela eventos y pasajes clave de la película.
La esperanzadora frase -siempre habrá un mañana- da título a una película italiana de 2023, dirigida y protagonizada por Paola Cortellesi. Tuve la oportunidad de verla recientemente, sin saber mayor cosa acerca de ella, y me encantó. Ir al cine es para mí una especie de terapia, y cuando veo películas como esta, ¡con más razón!
¿Qué encontré en "Siempre habrá un mañana"? Imágenes, ideas, emociones, personajes y
vínculos que me conmovieron profundamente, todo ello enmarcado en una problemática de la que es necesario seguir hablando y señalando: la violencia de género contra las mujeres[1]. No obstante, y en congruencia con el título, considero que el tema central de la película no es el ejercicio abusivo del poder patriarcal, sino la resistencia al mismo.
Para comenzar, es importante precisar que la película, cuya trama se ubica en la Italia de los años cuarenta del siglo pasado, particularmente en el período posterior a la segunda guerra mundial, retrata la vida de Delia: mujer madura, que trabaja dentro y fuera del hogar, esposa de Ivano y madre de Marcella, Sergio y Franchino. Se trata de una vida marcada por la desigualdad de género, la misoginia y la violencia machista en sus distintas formas, sobre todo en los ámbitos familiar, de pareja y laboral.
Además, se trata de violencias completamente normalizadas. Ivano, el esposo de Delia, es la viva representación de los varones que sienten y creen con total convencimiento que son seres superiores a las mujeres, a quienes miran como su apéndice, como un objeto del cual disponen cuando les place y al cual explotan económicamente. Delia, al igual que tantas otras mujeres, no tiene la libertad de elegir prácticamente nada, o cuando menos nada relevante para ella misma, su familia o la comunidad. Tampoco tiene derecho a equivocarse o a disentir, y si lo hace, es severamente castigada por ello.
Uno de los recursos que me pareció más interesante de "Siempre habrá un mañana", es la
manera en que se representa la violencia física que Ivano ejerce contra Delia. Se trata de un performance (el ritual de la violencia) en el que la pareja se mueve al ritmo de la música, en cámara lenta; los golpes y movimientos violentos de Ivano parecieran encontrar cierta resistencia que le impide tocar el cuerpo de Delia. Esto de ninguna manera borra el dolor o la gravedad de los hechos, de los golpes y sus marcas, pero sí evita el amarillismo o la exaltación de la violencia física, tan común hoy en día en los medios de comunicación, y que muchas veces se convierte en una revictimización de la mujer violentada.
Un acto de resistencia fundamental -y con gran significado- en el desarrollo de la trama tiene lugar cuando Delia, con ayuda de un soldado norteamericano pone una bomba en el negocio del padre de Giulio, el prometido de su hija, Marcella. Ella sabía que, si arruinaba el negocio de la familia de su futuro yerno, no habría boda, pues no tendrían dinero para pagar la dote. ¿Por qué quería Delia que se cancelara la boda? Porque al observar las interacciones de Marcella y Giulio se percató de las actitudes machistas y conductas controladoras que él ejercía sobre su hija. En ese momento revelador en el que escuchó como Giulio le prohibía a Marcella ir maquillada a trabajar y le apretó la cara con fuerza, provocándole dolor, Delia supo que haría lo necesario para que su historia de violencia no se repitiera, no en la vida de su hija. Y así fue, el acto de resistencia radical cumplió su propósito: después de destruido el negocio del padre de Giulio (símbolo del poder patriarcal), la boda se canceló y, con ello, la posibilidad de que la violencia siguiera reproduciéndose, cuando menos en ese momento y en esa relación.
Habría mucho más que analizar de la película, sin embargo, me limitaré a hablar del final, el cual, desde mi perspectiva, cierra con broche de oro la historia. Pienso esto básicamente por dos motivos: en primer lugar, porque durante un buen rato se nos hace creer que Delia escapará a la situación de violencia que vive huyendo con otro hombre, un viejo amor de juventud. Pero resulta que no es así, en absoluto. Lo que Delia quería era escabullirse de casa para poder ejercer su derecho al voto. Lo que le llegó días antes por correo no fue una carta de su enamorado, invitándola a huir juntos, ¡fue el carnet de votación! Después de escenas de mucho suspenso y angustia, una descubre que esto era lo que la había mantenido emocionada y ocupada, ¡no otro varón!
En segundo lugar, me parece un gran final porque representa con bellas imágenes los cambios ocurridos en el posicionamiento de lxs personajes principales y en la correlación de fuerzas entre lxs mismxs (situación que puede ser extrapolada a la sociedad): por un lado, se aprecia una clara alianza entre Delia y Marcella y, por el otro, el debilitamiento del lugar de dominación de Ivano. En relación con esto, y para finalizar, sólo rescato la última imagen de la película, que nos muestra las luminosas sonrisas de ambas mientras se miran a la distancia, denotando la complicidad entre madre e hija, entre generaciones de mujeres, y su poder frente al patriarcado; la esperanza de que las cosas podrían cambiar en casa y fuera de ésta; de que siempre habrá un mañana...
[1] Primera escuela de las otras formas de violencia, como bien apunta la feminista argentina Rita Segato. Lo que subraya la urgencia de seguir hablando y generando conciencia al respecto, no sólo para para contribuir al bienestar de las mujeres, sino de la sociedad en su conjunto.